Dios Admirable nos prepara para la misión.
José Luis Blanco
Febrero · 15 de febrero de 2026
- Tema: Santidad, Purificación y Envío Apostólico
La admiración por sí sola no es suficiente; debe producir movimiento. Esta enseñanza, basada en la visión del profeta Isaías (capítulo 6), establece una verdad contundente: "¡La visión no termina con admiración, sino con la misión!".
El Choque de Santidad: Isaías ve al Señor en un trono alto y sublime en el año que murió el rey Uzías (símbolo de que las estructuras humanas caen, pero Dios permanece). Ante la santidad absoluta ("Santo, Santo, Santo"), la única reacción honesta es reconocer nuestra propia condición: "Ay de mí, que soy muerto... hombre de labios inmundos".
La Purificación: Dios no te llama limpio, te limpia para llamarte. Un serafín toca la boca del profeta con un carbón encendido del altar. El fuego que duele es el mismo que sana: "Es quitada tu culpa y limpio tu pecado". Sin purificación, no hay proclamación.
El Envío: Solo después de la limpieza viene la pregunta: "¿A quién enviaré?". Dios no obliga, invita. La respuesta de un corazón transformado por lo Admirable es inmediata: "Heme aquí, envíame a mí".
Por qué verla: Es el puente final entre "ver a Dios" y "servir a Dios". Entenderás que el Dios Admirable no busca espectadores que solo aplaudan Su gloria, sino discípulos purificados dispuestos a ir a una nación que necesita escuchar.